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    Silencio Del Monasterio A Las Prisiones | Jane Brox

    A finales del siglo XVIII, el hacinamiento en prisiones inmundas y las penas corporales como marcas con hierros candentes eran castigos comunes contra los delincuentes. Con el fin de erradicar aquellos tormentos, y como parte de una innovadora reforma penitenciaria, durante una velada en casa de uno de los padres fundadores de los Estados Unidos, Benjamín Franklin, surgió la idea de aliviar las miserias de los condenados dentro de las cárceles y permitirles redimir su alma: ladrones, falsificadores, salteadores y asesinos de la Penitenciaría Estatal del Este de Filadelfia fueron los primeros en experimentar una atmósfera de soledad extrema creada a través del silencio. Al silencio como sanción impuesta a los transgresores de la ley, se contrapone el silencio como medio para desapegarse de